martes, 3 de noviembre de 2009

Creando hábitos de estudio


El hábito de estudio es un paso imprescindible para desarrollar la capacidad de aprendizaje del niño y para garantizar el éxito en las tareas escolares.

El hábito empieza a establecerse hacia los siete u ocho años, estamos justo a tiempo.
Un niño que ha crecido respetando límites, rutinas y hábitos de sueño, alimentación e higiene no presentará muchas dificultades para adquirir el hábito de estudiar. Sin embargo, aquél que no ha conocido rutinas, límites ni orden le será muy difícil adquirir un hábito como el del estudio que exige concentración y atención.

El hábito de estudio se adquiere a fuerza de repetirlo. No es necesario esperar a que el niño tenga deberes o exámenes. Lo ideal sería que, desde pequeño, repase diariamente todas las notas aunque no tenga trabajo asignado o repaso pendiente.
Desde pequeño, se puede acostumbrarle a estar cada día concentrado unos minutos e ir aumentando el tiempo poco a poco. Para ello, actividades como dibujos, puzzles, cuentos, poemas infantiles, adivinanzas y cualquier tipo de tarea que le exija concentración y memorización además de que le guste. Es muy importante que acabe toda aquella tarea que comience.
Para iniciar el hábito de estudio, habrá que respetar cuatro reglas básicas:
• Hacerlo siempre en el mismo lugar.
• Seguir una rutina para cenar, asearse, estudiar y recrearse
• Tener todo el material de trabajo al alcance de la mano.
• Planificar o estimar de antemano el tiempo que se dedicará a cada tarea.
• Hacerlo siempre a la misma hora: durante la semana las primeras horas de la tarde y los fines de semana en las horas posteriores a levantarse, serán los momentos más aconsejables.

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